Nunca por las mañanas, justo al abrir los ojos, me había preguntado ¿qué pasaría si hoy me quedase en la cama? Creo que, muy en el fondo, sabía la respuesta: absolutamente nada. Probablemente alguien entraría en mi habitación, me daría los buenos días y, sin más, continuaría con su día, porque es lo que hacemos todos, continuar con nuestros días. Nos pasamos el día sabiendo exactamente lo que vamos a hacer porque tenemos unas rutinas que están tan dentro de nosotros que salirnos del renglón nos deja desprotegidos, vulnerables. Sin embargo, aún con este miedo, todos vivimos con la esperanza de que, en algún momento del día, nos salgamos de los bordes y el dibujo termine siendo incluso más bonito de lo que imaginamos.

En 2017 hubo un viernes muy especial para mí. No especial como esos días en los que suceden cosas grandes. Fue un viernes extraordinario dentro de la ordinaria rutina. Ese viernes mis trazos se salieron de los bordes para colorear un paisaje increíble. Conocí a una mujer extraordinaria atrapada en una vida tan ordinaria como la mía. Sus días estaban completamente organizados, desde el momento en que sonaba la alarma hasta la hora de irse a dormir. Tenía cosas que hacer: desayuno, comida y cena a la misma hora, tiempo de descanso… Hasta aquí todo parece una vida normal, como la del resto. La primera vez que hablé con ella me quedé helada. Un hospital psiquiátrico no es un sitio que desearías a alguien. Aunque a M no le falta ni el cariño, ni el amor, ni los cuidados, es consciente de dónde está y de por qué está ahí. Y lo peor, sabe que ese es su sitio. M es de esas personas que te atraviesan cuando te hablan, que te sacan de tu molde y que te gritan en silencio lo extraordinaria que es la vida dentro de nuestra querida ordinaria rutina.

La segunda vez que la fui a ver, M me dijo algo que me hizo plantearme aquella pregunta que me hacía por las mañanas. Después de derramar algunas lágrimas y con la voz temblorosa me expresó su agradecimiento diciéndome: “Lucía, tú me has quitado el miedo a despertarme por las mañanas”.

M me enseñó en pocas semanas y con pocas palabras un aspecto de la vida humana increíble, que nuestra rutina es menos rutina cuando nos damos a los demás, cuando hacemos de sus rutinas algo extraordinario, algo fuera de los bordes.

 


 

Lucía Alonso Montes, 19 años, asturiana. Vivió esta experiencia haciendo voluntariado en un Hospital Psiquiátrico. Si quieres saber más, contacta con info@thesonder.space.