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Mientras hacían voluntariado con World Relief Jacksonville, Barton y Lori vivieron de primera mano la imperante necesidad de ayuda de muchos refugiados, una vez finalizados los 90 días de financiación del gobierno. A pesar de tener exitosas carreras profesionales, la precaria situación de los refugiados los hizo movilizarse y decidieron renunciar a sus trabajos para ayudar a tiempo completo. Para ello fundaron BEYOND90. Esta es su historia.

No sería hasta hace 3 años que empezamos a tener idea de que había refugiados que vivían cerca de nosotros. No era un tema que tuviésemos mucho en cuenta, exceptuando lo que veíamos en las noticias, lo cual, normalmente, solo hacía referencia a refugiados de otros países. Conocimos a nuestra primera familia de refugiados afganos en Navidad, como parte de una iniciativa de nuestra parroquia. La visita fue muy acogedora y la madre incluso preparó una comida especial para nosotros, muestra de su agradecimiento.

Un día, cuando íbamos al supermercado, vimos al marido musulmán y nos saludamos. Poco después nos empezó a buscar por otro pasillo. Estábamos muy sorprendidos. Él y Barton se intercambiaron los números de teléfono. A partir de ese encuentro, volvimos a quedar todos juntos y más tarde preguntamos a World Relief si sería posible convertirnos en sus colaboradores. Estábamos cautivados por la honradez de su cultura. Realmente nos hicieron sentir como una parte más de su familia. Simplemente nos enamoramos de ellos.

Al principio, la comunicación con la mujer se hacía difícil ya que no hablaba mucho inglés, así que la mayor parte de la conversación la dirigíamos al marido, el cual hacía de intérprete. Una tarde, durante nuestras charlas, ella miró duramente a su marido, para recordarle que quería conversar con nosotros y mejorar su inglés. Todos nos reímos y esto abrió la puerta para que Lori los visitase casi semanalmente, con la simple intención de conversar y perfeccionar las habilidades lingüísticas de la mujer. Nuestros amigos acabaron mudándose a California y el marido comenzó a trabajar como supervisor en la ciudad.

Debido a esta primera gran experiencia con una familia de refugiados, estábamos entusiasmados de poder ayudar a otra. La segunda familia fue algo totalmente diferente. Esta vez World Relief nos unió con una familia de etíopes musulmanes (una madre soltera y sus dos hijos gemelos veinteañeros). Su padre fue asesinado en Etiopía. Esta familia hablaba muy poco inglés y no tenían otras habilidades laborales aparte de la sastrería. Venían desde un campo de refugiados a los Estados Unidos y no estaban para nada acostumbrados a nuestra cultura. Un día, casi recién llegados, me preguntaron cómo se usaba el microondas. Cuando les pregunté si tenían comida, sacaron unas cacerolas de espagueti y salsa de un armario de la cocina. Me dijeron que esa comida llevaba allí 3 días. Obviamente, no sabían para qué se usaba un frigorífico. Comencé a enseñarles sobre la conservación y almacenamiento de comida. Más tarde aprendí que en su cultura almacenan comida hasta 3 días sin refrigeración porque es mucho más fresca y no se echa a perder. Para mí todo eso sonaba horrible pero para ellos era una costumbre normal. Ahora que entiendo por qué hacen lo que hacen, soy capaz de comprender que nuestra comida no dura mucho sin refrigeración y por qué. Son estas experiencias de compartir la vida misma, lo que nos permite aprender tanto los unos de los otros.

Durante la misma visita, la madre me señaló la alarma de incendios y dijo “woo ooo”. Les expliqué claramente que si oye ese ruido debían salir del apartamento. Otra cosa nueva para ellos. Continuamos viéndonos con la familia semanalmente, pero nuestra perspectiva rápidamente cambió cuando alcanzaron el día 90 y World Relief retiró los fondos de sus cuentas y les instruyó en los trámites para hacer el dinero efectivo y sobre cómo pagar el alquiler. Inmediatamente recibí una llamada de uno de los hijos que nos pedía ayuda para pagar la factura. Cogimos el coche y fuimos tan rápido como pudimos. El chaval estaba en un establecimiento para canjear cheques, pero la comisión del local era bastante alta y decidimos llevarlo a un lugar más económico. Después de probar en varios lugares y comprobar una serie de elementos burocráticos (el banco ya había cerrado), al final no tuvimos otra alternativa y acabamos volviendo al primer establecimiento. Fue muy frustrante para todos y realmente nos dimos cuenta de la angustia que debían de sentir ellos al ver la manera tan enrevesada de hacer nuestros negocios. Empatizamos, nos pusimos en su piel, y esto realmente te cambia: quieres hacer algo para facilitarles la adaptación a una nueva cultura, lenguaje y trabajo. Hay muchísimo que aprender y todo antes de 90 días.

Tras este incidente nos dimos cuenta de que, debido a nuestros horarios laborales, no podíamos ofrecer una asistencia real ya que los comercios estaban cerrados cuando nosotros podíamos visitar a las familias. Por ello, Lori dejó su trabajo en marketing, vendimos nuestro apartamento y nos mudamos al complejo de apartamentos donde vivían las familias de refugiados. En el momento de nuestra mudanza había 40 familias de refugiados viviendo en el complejo. La noticia de nuestra llegada se extendió rápidamente.

Desde entonces, hemos estado en emergencias a las 3 de la mañana, hemos disfrutado distendidas comidas juntos, hemos dado clases de conducir, hemos ido incontables veces a citas con los médicos, hemos ayudado con el papeleo y el correo…

Trabajar con refugiados nos ha cambiado tremendamente. Son las personas más trabajadoras, cariñosas y resilientes que hemos conocido nunca y no tienen ningún reparo en incluirte en sus vidas. Recuerdo una de las jóvenes parejas provenientes de Afganistán. Iba a tener su primer hijo y el marido estaba tan nervioso por tener que conducir hasta el hospital y luego de vuelta a casa con el bebé que nos preguntó si podíamos llevarlos. Él no creía poder hacerlo, le asustaba que hubiese un accidente o se perdieran. Nosotros accedimos y, cuando llegó la hora, los recogimos en nuestro coche. La experiencia ocurrió sin incidentes y, para volver, la enfermera le tendió el bebé al padre para ponerlo con cuidado en la silla del coche. El pobre estaba demasiado inquieto como para poder hacerlo, no podía dejar de temblar y lo dejó en manos de Lori para que fuera ella quien lo acomodara. Es en momentos como estos en los que tratamos de animarlos e infundirles mayor confianza en sí mismos. Desde entonces, él se adaptó perfectamente a su nuevo papel como padre y tienen a día de hoy un segundo hijo, sin que esta vez necesitasen nuestra ayuda. Esa es la mayor recompensa: el ser capaces de alentarlos, trabajar codo con codo con ellos y celebrar juntos todos sus logros. Es todo cuanto podríamos pedir nunca.

Como vivíamos en el mismo complejo de pisos, empezamos a ver otra injusticia: los refugiados no eran tratados correctamente en lo que a manutención del piso se refiere y, además, no existía ninguna consideración a la hora de ayudarlos a comprender los asuntos de pagos de alquiler. Aparte de tener que aprender una nueva lengua, cultura y trabajo, debían lidiar con problemas del apartamento al llegar a casa. Simplemente demasiado. Siendo testigos de esta situación y escuchando sus quejas, nos pusimos manos a la obra. Habían sufrido mucho en la vida y necesitaban un alivio. Así que decidimos hacernos con un complejo de apartamentos por nuestra cuenta que fuese exclusivamente para estas familias de refugiados. De esta manera, podríamos proveerles de apoyo y mejorar su capacitación para que el proceso de adaptación no fuese tan traumático. Y es por esto por lo que Beyond90 fue fundada. Actualmente estamos acabando la colaboración con otro grupo de desarrollo sin ánimo de lucro y así completaremos la financiación del complejo de apartamentos.

Haber trabajado con más de 40 familias de 10 países diferentes ha cambiado totalmente nuestra forma de entender el mundo. Antes de tener la oportunidad de aprender de tantas nacionalidades solo conocíamos la perspectiva americana, pero el mundo es mucho más. Haber experimentado la vida con refugiados ha enriquecido enormemente nuestra visión, amor y compasión por aquellos que piensan, actúan y creen de manera diferente. Es por nuestra diversidad que somos más fuertes y seres humanos más completos. Esto es en lo que creemos y por ello vamos a continuar con este viaje.

 


 

Lori y Barton, Jacksonville, Florida (EEUU). Si quieres saber más sobre ellos, Beyond90 o World Relief puedes visitar sus webs o contactar con info@thesonder.space.

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