Época de exámenes, una mesa, una silla y los apuntes. Y nada más por delante en todo el día. Pero de pronto recibes una llamada que cambia tu plan del día siguiente, que lo cambia a mejor. Me parece que la mejor forma de hablar de esto es a base de preguntas y respuestas. ¿Cómo acabé en adopta un abuelo? Comienzas de 3º de medicina, muchas ganas de hacer las cosas mejor que el año anterior, de hacer más cosas y llenar tus días. Abres la página de la universidad, eliges un deporte al que apuntarte, y de pronto ves: Tantaka, haz voluntariado, y algo te impulsa a pinchar la página. Hace mucho que no estás apuntada formalmente en uno, y ya va siendo hora. Empiezas a bajar en la página viendo las diferentes opciones, y el título adopta un abuelo llama tu atención.

¿Cuántas veces has pasado por alguna calle y has visto personas mayores solas que te sonríen al pasar, o has ido a ver a algún familiar a una residencia o a un hospital y has visto gente sola? Me formulé esa pregunta y me paré a pensar en mi abuela, recién fallecida ese verano, y pensé en el vacío que sentía por su ausencia. Así que sin dudarlo me inscribí.

¿Qué pensé del abuelo que se me había asignado? La primera conversación que tuve con él sentí algo de miedo, pues se abrió muy rápido y se emocionó contándome cómo todos sus hijos estaban dispersos por el mundo y no supe bien cómo responderle. Pero a medida que fueron pasando las semanas, fui conociendo más de él, y él más de mí. Llegó un momento donde ya no hacía falta pensar de antemano temas de conversación o actividades que hacer, salía solo. Cuando tienes mucha confianza en una persona puedes disfrutar hasta de los momentos de silencio.

¿Qué supone para mí ir cada semana a verle? No soy capaz de imaginarme más de una semana sin ir. Tras un año y medio, es mi abuelo, sin comillas. Es como cuando iba en Madrid a ver a mi abuela cada domingo, el momento feliz de la semana, en el que recibía consejos sabios y escuchaba anécdotas apasionantes. De hecho, el programa de adopta un abuelo respeta el calendario académico y en exámenes se para, pero para mí no lo hace. Después de cada examen me voy a la residencia a verle porque no me imagino el 1 de diciembre diciéndole: ¡hasta el 8 de enero, Alberto! Él no lo entendería, y yo tampoco en realidad.

¿Qué hacemos cada semana? Pues depende del tiempo que haga y de lo que nos apetezca en el momento. Unas veces nos limitamos a quedarnos en la terraza de la residencia observando el paisaje, hablando de la vida; otras nos vamos a tomar un café al mismo bar de siempre; a veces nos vamos a pasear por el centro; o cogemos la guitarra y montamos nuestro propio concierto a dos voces. Y por supuesto también están los planes extraordinarios. No puedo dejar de mencionar una de las escenas más tiernas que he visto en estos años de universidad. Club del toro de la universidad, todo jóvenes de 18 – 23 años, escuchando al nieto de un torero, y Alberto con nosotros. Le apasionan los toros, ¡tenía que llevarle! Fue el que más disfrutó hablando con el ponente sobre lo buen torero que era su abuelo y con lágrimas de ilusión en los ojos.

¿Qué opino del énfasis en aparecer en medios de comunicación? Creo que como todo en la vida, si te excedes puedes caer en que importe más el que te vean hacer las cosas, que hacerlas. Pero por mucho que se pueda pensar algo así de adopta un abuelo, si lo vives desde dentro te das cuenta de que aquí no ocurre. Aquí lo que realmente importa es el porqué. ¿Por qué insistir tanto? Para animar a los jóvenes a salir de sí mismos y a que dediquen parte de su tiempo a los demás. Todos vamos a ser mayores algún día, y no hay peor sensación que sentirse solo. Las personas mayores tienen mucho tiempo libre que, si no ocupan, se traduce en reducción de tiempo vital. Cuando me voy después de una hora y media con Alberto, la sonrisa que veo en su cara sé que no solo es de felicidad, sino de salud. Y la sonrisa que llevo yo es de gratitud. Últimamente los jóvenes vamos corriendo por la vida, sin pausas, o lo que es peor, con pausas que llenamos de cosas inútiles. Por eso me parece que adopta un abuelo es un gran proyecto, porque llena nuestro tiempo de cosas reales, cosas que marcan la diferencia, un antes y un después en nuestras vidas. Los abuelos no son eternos, ni los biológicos ni los adoptivos. ¿Se os ocurre una mejor manera de pasar el tiempo libre que haciéndoles felices?

 


 

Ana Canalda, 21 años, de Madrid. Si quieres saber más sobre el voluntariado de Adopta un abuelo, puedes echar un vistazo a su web adoptaunabuelo.org

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